Cómo dejar de ser una persona negativa

Rocío, 58 años, llega a la consulta por la insistencia de su familia quien dice de ella que se ha convertido en una persona negativa, quejosa, fácilmente irritable, apática y sin aparente ilusión para nada. Una vez vencida la inicial resistencia de Rocío, compuesta de desconfianza y las muchas decepciones que le acompañan, lo cierto es que su familia no está muy equivocada. Lo complicado, en este caso, es que Rocío pueda por momentos verse de forma un tanto objetiva y apreciarse como si estuviera fuera de si misma, con todas estas características y entonces, sólo entonces, preguntarse; ¿me gusto?

¿Cómo es la personalidad negativista?

Es aquella que describe a las personas a partir de una negatividad general y del hecho que renuncian a hacer todo aquello que los otros quieren o les piden las personas de su entorno que les hagan. Asimismo, son impulsivos, fácilmente irritables, gruñones, descontentos y altamente críticos con las opiniones de los demás.

Se hallan siempre malhumorados, descontentos e instalados en la queja continua, con lo cual desalientan las ilusiones de los otros ya que resultan desmoralizantes para el entorno. Sin embargo, ellos se sienten satisfechos con los demás aunque angustiados consigo mismos.
Sus conductas son ambivalentes de manera que si están solos, quieren estar con la familia y, si están con la familia, harán todo lo posible para irse a la cama y quedarse solos. Si les hacen un regalo, siempre le encontrarán algún “pero” e, incluso, muchas veces, lo acabarán devolviendo y/o cambiándolo. Pero si no reciben ningún regalo, se sentirán ofendidos, rechazados o ninguneados; si mandan, se quejan de que los demás no les apoyan, si no mandan, critican a quienes sí lo hacen y, por supuesto, no le ayudan.

Anteriormente, se les llamaba trastorno pasivo-agresivo de la personalidad y que fue cuestionado ya que se refería, sobre todo, a las estrategias conductuales usadas en algunas situaciones que podrían llegar a convertirse en estrategias adaptativas. Sin embargo, este conjunto de estrategias no define un trastorno de personalidad.

¿Tiene relación con el trastorno de conducta negativista desafiante?

Este trastorno de conducta podría ser una copia del trastorno de personalidad negativista ya que el primero, con frecuencia, incurre en pataletas, discute con adultos, desafía a las figuras de autoridad, no cumple con sus obligaciones, molesta a propósito a otras personas, acusa a los demás de su mal comportamiento o de sus errores, se siente fácilmente molestado por las opiniones de los otros, tiene resentimiento.

Por otra parte, el trastorno de conducta negativista-desafiante, más propio de la adolescencia, caracterizado por un patrón de enfado e irritabilidad, discusiones y actitud desafiante, e incluso en ocasiones, a la par oposicionista, exhibida durante la interacción con cualquier persona, preferentemente a figuras de autoridad –como padres, profesores y otros adultos de referencia– pero no con un hermano. Todo ello, produce un malestar manifiesto tanto en la persona que padece el trastorno como en su entorno más inmediato –familiar, escolar, social-produciendo, por tanto, un impacto negativo en las áreas principales de su vida.

La presentación de este trastorno de la conducta se ha asociado a diversos factores de riesgo: estrés familiar, estilos educativos basados en el castigo y en el refuerzo de conductas agresivas, pautas inconsistentes de educación y aprendizaje familiar, sin ningún tipo de refuerzo positivo, favoreciendo así la ansiedad, el sentimiento de culpa y la inseguridad.
Además, es un trastorno que se suele relacionar con el TDAH y, en la adolescencia, con el trastorno antisocial de personalidad. Pero al usar el MCM-II en adultos diagnosticados, diversos estudios han encontrado que el trastorno negativista de personalidad es el que aparece en el 90% de los casos, es decir, mucho más que el antisocial.

¿Afecta a la salud ser negativo?

La respuesta es bastante contundente; sí, afecta tanto a la salud física como emocional. Y no, no se trata de que ahora y, por arte de birloqué, todos nos convirtamos en los llamados “happy flowers”, pero lo que demuestran los estudios de investigación es que tener una actitud positiva, mejora nuestra calidad de vida.

Y usted, ¿Ve la botella medio llena o medio vacía?

A nivel de salud física, estudios realizados por la Universidad de Harvard, y publicados en Psychological Bulletin, muestran que ser negativo es un factor de riesgo para los problemas cardiovasculares. Así, según dicho estudio, las personas con una actitud positiva tienen un riesgo del 50% inferior de padecer estas patologías. Otros trastornos médicos que presentan son hipertensión, cefaleas tensionales y problemas circulatorios.

Y es que, además, sus emociones andan alteradas, también las de las personas de su entorno. Son personas que han hecho de la queja su manera de vida; si es un festivo, porque hoy están activos y les gustaría estar en la oficina; si es un día laborable, porque están agotadísimos y necesitan descansar, precisan de un festivo y esto día tras día, semana tras semana… Año tras año…

Por otra parte, presenta elevada comorbilidad con diversos trastornos, especialmente, con dependencia de sustancias y de alcohol así como trastornos del control de los impulsos y trastornos de ansiedad, entre los cuales se incluye el estrés.

Pautas para tratar con una persona negativa

– No le digas a una persona que está de mal humor “no lo estés”, “deja de estar de malhumor” o cosas parecidas, porque –aunque puedas tener buenas razones- lo cierto es que se molestará y se acabará generando un conflicto innecesario. Ignora su negatividad y procura que no te afecte a ti.

– No tienes que animarla, solucionarle sus problemas, intentar cambiar las cosas por ella o tener una solución para su negatividad. Esta persona tiene que querer cambiar, en primer lugar, y como probablemente, le resultará difícil hacerlo por si misma, buscar ayuda profesional si quiere mejorar su satisfacción vital.

– Las personas negativas tienden a exagerar, catastrofizar y minimizar cualquier situación positiva de su vida mientras que maximizan todo detalle negativo. Pero no se lo intentes hacer ver, no uses los consejos porque, habitualmente, te dirán que no te los han pedido, y todo acabaría en una confrontación, reforzando su idea de “todo el mundo esta contra mí” Por ello, lo mejor es responderle con evasivas que, sobre todo, no condenen su negatividad.

– Marca límites. Piensa que no es responsabilidad tuya tratar con la negatividad de esta persona, por lo cual si te afecta demasiado, aléjate. La cuestión es ¿De quién se trata? Porque si es un compañero de trabajo, siempre le puedes decir que “Lo siento, tengo que seguir con el trabajo”, eso sí, de forma amable, porque, de lo contrario, se sentirá directamente atacado.
El verdadero problema viene cuando esa persona negativa es un miembro de tu familia –y más aún, si vives con él– entonces la cuestión es tomarse un descanso, de vez en cuando, como salir a dar una vuelta. Si no vives con esa persona, es tan sencillo, como no coger el teléfono sistemáticamente cada vez que llama.

– Da siempre tu opinión. La persona pesimista te intentará convencer de que esta mala racha que tenéis ya nunca se os irá, que todo irá a peor o, incluso, de que vendrá una hecatombe mundial. Si no crees que sea cierta esta visión negativa y tóxica, dile que “No, las malas rachas son sólo eso, malas rachas”. Inténtale explicar que la forma cómo afrontamos lo que nos pasa es lo que nos hace diferentes a las personas negativas de las positivas.

– Nunca le des la razón esperando que se calle. En todo caso, es mejor no continuar la conversación. Sin embargo, lo mejor es siempre decirle, de forma amable, para que no se sienta atacada, lo que pensamos.

– No intentes cambiarla a la fuerza. Seguramente, se trata de una persona adulta que, aunque a regañadientes y de forma susceptible, toma sus propias decisiones. Por ello, es muy posible, que al final, perdamos la paciencia y el mensaje positivo de cambio que le queríamos transmitir pueda sonar a reprimenda, «regañina» o incluso, a enfado, con lo cual lo único que conseguiremos es que su malhumor y su negatividad aumenten y, por tanto, ni entre nuestro mensaje, ni tengamos más oportunidades para hacerlo mejor y esa persona siga instalada en la queja y la negatividad, convirtiéndolo de esta manera en su manera de entender la vida.

– Fíjate en ti mismo. Ver a esa persona, nos puede servir para observar nuestros propios aspectos negativos –todos los tenemos, incluyendo a la persona más positiva del mundo- y así veremos que si para nosotros resulta incómodo o molesto ver a otra persona quejándose y con actitud negativa, de forma continua, entonces debemos pensar que nosotros resultamos igualmente incómodos y molestos para otras personas cuando tenemos una actitud negativa.

Precisamente esté podría ser el mejor resumen de este post; lo que no quieras para ti, no lo quieras para los demás.

BIBLIOGRAFÍA

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– Vallejo Pareja (1998) Manual de terapia de conducta, vol II. Trastornos de conducta en niños.Madrid:Dykinson
– Vereycken J, Vertommen H, Corveylen J.(2002)Authority conflicts and personality disorders.16,pp.41-51

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