Los centros escolares son fundamentales en la detección precoz del trastorno,dado que la estancia de los niños en el centro escolar y las actividades que realizan en el mismo son determinantes en el establecimiento del diagnóstico.

Cuando se observa que un niño interrumpe sistemáticamente en la actividad docente o está activo todo el tiempo, le cuesta terminar su trabajo e interrumpe la actividad de los demás, contesta antes de que se le haya formulado la pregunta o presenta una impulsividad desmedida, tiene problemas en el desarrollo adecuado del lenguaje o en actividades de psicomotricidad fina, es necesario poner la situación en manos del Equipo de Orientación Educativa (EOE) del centro para realizar la correspondiente valoración psicopedagógica.

En el sistema educativo debe realizarse la valoración del coeficiente intelectual y/o el grado de madurez del niño. Esta valoración es clave porque el déficit de atención y la hiperactividad son frecuentes en los niños con retraso madurativo,y, a veces, en deficientes,aunque las causas de los síntomas son diferentes y el tratamiento también.

Muchas veces los niños deficientes que no han sido detectados, se sienten excesivamente presionados por las demandas escolares, aunque su deficiencia sea mínima, y manifiestan su ansiedad y sentimiento de fracaso a través de síntomas de TDAH. Si se valora su CI, carencias y potencialidades y se le ofrece la ayuda necesaria, generalmente la sintomatología desaparece. Si no se hace esto y van pasando los cursos, los problemas aumentan y el fracaso escolar está asegurado.

Cuando un centro escolar tiene un alumno diagnosticado como TDAH es conveniente que se enseñe al profesorado acerca del trastorno y cómo responder ante los desafíos que estos alumnos suponen. El conocimiento por parte del profesorado de la clínica, mecanismos psicobiológicos y repercusiones en el aprendizaje del TDAH les ayuda a observar y recoger información de las conductas del alumno, a planificar y aplicar la intervención educativa adecuada para estos niños.

Como hemos señalado anteriormente el TDAH suele ir asociado a Trastornos del Aprendizaje y el fracaso escolar es frecuente, sobre todo en los casos en los que el déficit de atención es severo, el CI del alumno es medio bajo o no recibe la estimulación y el control adecuados por parte de la familia y escuela.

Las alteraciones perceptivas motrices y en especial el control de la psicomotricidad fina, plantean exigencias difíciles de realizar para estos niños así como el aprendizaje de la lectoescritura.

Es importante que se ponga en marcha un programa de aprendizaje que modifique en algunos aspectos el formato de la clase de referencia. Asistir a aula de apoyo con personal terapéutico, profesor o pedagogo terapéutico (PT) es necesario en la mayoría de los casos de TDAH. En muchos casos, son alumnos con necesidades educativas especiales ya que el ritmo de adquisición de los contenidos académicos varía mucho del de sus compañeros. Se debería valorar la necesidad de elaborar una adaptación curricular individualizada (ACI) que adecue los contenidos y objetivos a sus dificultades.

 Para cualquier intervención educativa que se vaya a llevar a cabo con niños o adolescentes con TDAH la colaboración-coordinación entre la familia y la escuela son imprescindibles.Los objetivos a trabajar en estos espacios no son solamente académicos, el refuerzo en algunas asignaturas o en la adquisición de conocimientos y habilidades está mediatizado por los procesos de atención. Enseñar al niño a «cómo hacer lo que se sabe», ya que no carece de la capacidad para aprender sino que tiene dificultad para organizar lo que ya sabe y reproducirlo del modo y en el momento adecuado.

Son también objetivos a trabajar las relaciones sociales y la disminución de la hiperactividad e impulsividad.
La organización del material escolar y la tarea deben sistematizarse, hay que insistir en que repase los materiales para la actividad diaria, favorecer que llegue a mecanizar estas actividades, estructurar el trabajo, ayudarle a planificarlo. Preparar material que sea «atractivo» y estimulante para que el trabajo en la escuela y el hogar facilitan su motivación.

La posición que el alumno con TDAH tenga en el aula no puede olvidarse, debe situarse en un lugar en el que los distractores sean mínimos y en el que el contacto visual con el profesor sea inmediato. Desde luego no ponerlo al final de la clase «para que no moleste». Es conveniente permitir al niño que cada cierto tiempo se mueva de la silla.

Como muchas veces se olvidan de los deberes, ya sea por el déficit de atención o porque evitan confrontarse con la dificultad que entrañan y la sensación de fracaso.Para evitarlo suele ser útil darle un cuaderno en el que el profesor le anote los deberes y los padres escriban lo que ha hecho en casa. De esta manera el niño hace de «correo» entre padres y profesores, los cuales hacen de «yo auxiliar» para
ofrecerle la supervisión y el control que él no tiene, con vistas a que él pueda ir desarrollándolo.

Las estrategias que mejor resultado han dado son:

– Estructurar la actividad. El objetivo es ayudar a que el alumno desempeñe adecuadamente las actividades que tienen que ver con la memoria de trabajo y sistematice actividades. Es conveniente hablar al niño sobre lo que se va a trabajar y qué se va a lograr con ello, cuánto tiempo va a durar y si habrá o no descanso, qué material va a utilizarse y retirar el que no sea necesario. Hay que explicar las normas y dar al niño las instrucciones claras,breves, y si fuera posible utilizar material llamativo como carteles de colores que el niño pueda ver y le recuerden la tarea a realizar.

– Expresar de modo claro las consecuencias positivas de la realización de la actividad. Para ello hay que motivar al niño sistemáticamente, ya que los procesos de atención sostenida suponen un gran reto para él. Los premios no deben ser necesariamente materiales sino de fortalecimiento de la autovaloración y autoconfianza y deben ser inmediatos a la consecución de la tarea.

– El profesor llevará a cabo lo que se conoce como atención estratégica, que consiste en el uso de la atención del profesor para ayudar al estudiante a mantenerse en la realización de la tarea o redirigirse a ésta si la ha abandonado.Los comentarios de ánimo u otras formas de refuerzo (sonrisas, fichas canjeables por privilegios, etc.) han demostrado su efecto positivo en el niño con TDAH, y el uso de la retirada de esta atención positiva ante conductas inadecuadas puede hacerlas disminuir. Esta ignorancia activa hacia el niño exige la retirada total de la atención.

– Anticiparse a las «situaciones problema», aquellas en las que aparecen dificultades para el alumno, tanto de atención como de impulsividad-hiperactividad,(cambios de clase, salida al recreo) en definitiva, cambios en la actividad. Para ello hay que establecer las normas a tener en cuenta, que el alumno demuestre que las conoce y establecer el estímulo positivo posterior a la buena ejecución.

– En todos los procesos que se lleven a cabo, las normas, consignas, consecuencias positivas y negativas deben ser conocidas de antemano y consensuadas con la familia, ya que en muchas ocasiones será ella la encargada de llevarlas a cabo.

– Un requisito necesario para poder llevar a cabo las actividades en la escuela es que el docente tenga un estilo flexible, sea dinámico y conozca las características del trastorno.

– Las correcciones a los errores que haya podido tener tienen que ser claras,directas y respetuosas. La superación de las dificultades se consigue con seguridad, no con ataques a la autoestima, ni con ridiculizaciones públicas.

– No deben hacerse comentarios sobre sus dificultades en público, ni de sus tratamientos psicoterapéuticos ni farmacológicos, pueden llevar a estigmatización y van en contra del derecho de privacidad del individuo.

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