Mi familia no cree en los psicólogos

A raíz del post “No creo en los psicólogos”, nos llegó una consulta de una paciente cuyo principal problema no era esté sino que, a pesar de su ferviente intención de acudir a un profesional, se hallaba coartada dado que su familia “no cree en los psicólogos”. Tanto o más que la postura de resistencia de un paciente ante una terapia, es la resistencia de su familia ante la misma.

Numerosas son las razones que nos hallamos los psicólogos ante los familiares que se resisten a que el paciente que sí desea iniciar o continuar una psicoterapia, lo haga. Vamos a ver unas cuántas de ellas e intentar razonar su sinrazón:

 

1. “A tú edad, es una tontería seguir con un psicólogo”

En los últimos meses, se ha notado un aumento de consultas de pacientes de la llamada “tercera edad”, “edad de oro” o “tercera juventud”. La mayoría de ellos tienen problemas de pareja, trastornos depresivos y de ansiedad.

Sin embargo, muchos de los familiares que les acompañan suelen manifestar que “nunca van a cambiar”, “siempre ha sido así” aún las intensas llamadas de socorro de los pacientes. Y, estas afirmaciones, no son ciertas. Es verdadero que cuando mayor es un paciente, más instaurado esta un comportamiento inadecuado pero ello no significa que sea inmodificable. Si el paciente muestra actitud, tenemos la necesaria llave para realizar el cambio. Y la actitud no entiende de edades.

 

2. “El psicólogo te va a juzgar; no te vengas quejando si no te gusta lo que te dice”

A lo largo de la terapia, los psicólogos extraemos, junto con el paciente, conclusiones que, a veces, son positivas y agradables para el paciente pero, otras veces, pueden resultar menos agradables. En cualquier caso, es cómo proceso del cambio terapéutico del paciente y sin ningún ánimo de hacer daño o herir al paciente voluntariamente, como podría desprenderse de la segunda parte de la frase.

Por otro lado, algo que solemos decir mucho en consulta “los psicólogos no juzgamos a nadie, no somos jueces sino psicólogos”. Sin embargo, es cierto que muchos familiares creen que, al hacer muchas preguntas, la conversación no es libre, el paciente es rápidamente encasillado y, por tanto, “juzgado”. Ello no es cierto, una intervención terapéutica es un proceso a medio plazo, que se produce siempre en forma de interacción paciente-profesional, de modo que el 50% del proceso dependa de la responsabilidad de cada uno, de su actitud ante la terapia. En todo caso, se trata, siempre, de un diálogo, no de un interrogatorio, para centrarse en todos aquellos aspectos, pasados o presentes, que puedan estar provocando la patología actual.

 

3. “Y , ¿cuánto tiempo va a durar esto?”
Aunque pueda parecer increíble este es uno de los principales reproches a los que se enfrentan muchos pacientes por parte de su propia familia. Y lo ha leído bien, he escrito “reproches”.

Se trata de pacientes que saben que necesitan un psicólogo, que les haría bien, y que, incluso, tras mucho batallar, pueden iniciar una terapia, pero no pasarán más de tres o cuatro sesiones cuando los familiares empiecen con los reproches verbales, en forma de silencios, sin preguntar tan sólo si el paciente mejora o no…

Por ello, se dan muchos abandonos de psicoterapias, muchos de ellos sin previo aviso, porque el paciente, demasiadas veces al límite de sus fuerzas psicológicas, no puede afrontar luego un entorno social que le es hostil, que se avergüenza de él/ella

Si, en esta sociedad tan moderna y democrática, a la vanguardia de muchas investigaciones, del entorno 2.0, seguimos estigmatizando a quien acude al psicólogo o al psiquiatra porque tiene un trastorno psicológico pero no lo hacemos si un jugador que ha costado cientos de millones de euros es motivado por un grupo de psicólogos ni tampoco, si tenemos una apendicitis y debemos acudir a urgencias. Y ¿cuál es la diferencia? Que todavía existe mucha ignorancia en torno a  los trastornos psicológicos y, es nuestro deber como psicólogos, hacer que esta desaperezca y que un paciente, mayor de edad, que desea ir al psicólogo, pueda hacerlo, a pesar de la opinión de su familia, amigos y vecinos.

Ayer por la tarde, una paciente me decía “ yo no sabía lo que era una depresión hasta ahora que he tocado fondo y he sentido un dolor tan profundo, que es mayor que un dolor físico” A veces, sobran las palabras.

 

4.“¿Nos saldrá muy caro, no?”

Normalmente, la pregunta anterior y esta, suelen ir unidas. Depende, ¿en cuánto valora Ud. su salud emocional, las repercusiones físicas, su bienestar y, en algunos casos, evitar intentos de suicidios?

Si lo valora poco, entonces la terapia, que es un proceso lento pero muy eficaz (un 88% de eficacia para las terapias cognitivo-conductuales), considerará que le saldrá caro.

Pero, ¿alguien, realmente, si hace un poco de introspección, puede quererse tan poco a si mismo y a su familiar? Quererse poco a si mismo porque si su familiar pierde la salud emocional, Ud. acabará perdiendo un poco tanto la salud física como la emocional (recordemos el Síndrome del Cuidador) y querer  poco a su familiar porque no le importe lo qué le pueda ocurrir.

En cualquier caso, si el suyo es un problema de desconfianza acerca de los honorarios, puede llamar al Col·legi Oficial de Psicolègs de Catalunya, dónde le informarán acerca de esta cuestión

Y recuerde; uno puede perder muchas cosas, y volver a empezar desde cero pero si pierde la salud, no podrá hacerlo. Y la salud emocional, también es salud.

 

5. Los psicólogos son para locos

En una consulta psicológica de especialidad clínica, se ven muchos casos distintos pero muy difícilmente se ve algún “loco” en el sentido psiquiátrico de locura. Ellos son vistos en hospitales psiquiátricos dónde tienen los medios necesarios para realizar contención, si la precisan u otros tipos de intervención.

Al contrario, para acudir a una consulta hace falta ser inteligente, responsable y poseer un valor que quizás, en ese momento, los familiares no poseen o ignoran. No todo el mundo es capaz de darse cuenta que necesita ayuda externa y aceptarla y cuando un paciente lo hace, en contra de la opinión de su familia, significa que está ejerciendo un acto de responsabilidad consigo mismo y con ellos ya que se halla ante dificultades ya sean a nivel personal, familiar, laboral o social pero dicha problemática le esta interfiriendo en su vida cotidiana… Eso no tiene nada que ver con el significado psiquiátrico de la locura

 

 6. ¿ Y vas a decir en el trabajo que vas al loquero?
Muchas familias siguen usando el apelativo “loquero” para referirse a los psicólogos. Ello esta unido con la frase anterior: se considera que el “loquero” trata a los “locos”. Este primer dato, como ya hemos dicho anteriormente, es falso, por tanto, nuestro nombre es psicólogos porque proviene de una ciencia que es la psicología.

Sin embargo, ya llegados a este punto, los pacientes se sienten tan presionados por su entorno familiar quien no les deja de asegurar que “si lo explican, van a perder el trabajo”,”qué empresa va a querer a alguien que vaya al psicológo”,… y, finalmente, el paciente, decide ocultar sus visitas al psicológo como si estuviera cometiendo algo malo, cuando se trata de lo contrario

Debemos pensar que, mucha gente, quizás compañeros de los pacientes, acuden al psicólogo, no por presentar una patología concreta sino porque quieren mejorar determinados aspectos de si mismos. Asimismo, en todas las empresas, a partir de un cierto tamaño, hay psicólogos en su departamento de personal y/o recursos humanos.

Y, especialmente, pensar, si hubiera acudido al odontólogo y me hubiera dicho que me tenía que operar para quitarme las muelas del juicio, ¿lo hubiera escondido? ¡seguro que no! Entonces, entender, que los psicólogos somos profesionales de la salud, también.

Por tanto, si se es honesto, siempre se tendrá la confianza de la empresa y de uno mismo. Si no lo es, en cualquier caso, es posible que se descubra, con lo cual se perderá la confianza de la empresa y ello repercutirá en la propia. Eso sí, sólo si es estrictamente necesario decirlo porque es posible que se vaya a coger una baja, o se tomará una medicación que impide llevar determinadas máquinas,… tampoco se dan datos personales por el simple hecho de darlos.

 

7. Han pasado tres sesiones, y ¡no vemos resultados!

Los tiempos de pensar que hacíamos magia,  éramos chamanes y cualquier otra superstición, se deben enterrar. Ello es debido a que muchos familiares acompañan a un paciente a una primera sesión pero no tienen mucha idea de cómo es, de qué se trata por lo cual no suponen la realidad que es que el paciente llega a consulta con una caja de herramientas vacía y, los psicólogos, a lo largo de la intervención, se lo vamos a llenar de las herramientas necesarias para afrontar las situaciones que le han llevado a consulta.

En lugar de ello, los familiares, creen que les vamos a dar una especie de “varita mágica”, todo en la primera sesión, que, sin ningún esfuerzo ni por parte del paciente, y menos por parte de los familiares, cambiará toda la vida del paciente. Es ello lo que provoca que 2-3 sesiones después, los familiares ya se encuentren “decepcionados” con la terapia “porque no están obteniendo resultados”

 

8. Eres un flojo, un débil y te van a empastillar porque no sabes afrontar la vida.

Es una de las estrellas en cuánto a frases más repetidas y más cargadas de elementos negativos que, además, son inciertos.

Empecemos diciendo que los psicólogos no “empastillamos “ a nadie. Nuestra función no es recetar. Para ello está el psiquiatra que es un médico especialista cuya función es evaluar los síntomas y ver si precisa o no medicación para su mejoría, que tampoco “empastillar”.

En cambio, el psicólogo trabaja con la caja de herramientas de la persona, que puede estar totalmente vacío o no, y añadirle nuevas herramientas, es decir, estrategias para la solución de los problemas. Como vemos, el psiquiatra y el psicólogo, no tienen la misma función pero sí deben trabajar conjuntamente en beneficio del paciente, aunque no siempre ocurre.

La idea de muchos pacientes y sus familiares “yo ya me arreglo con la medicación, no me hace falta el psicólogo” es totalmente equivocada ya que la medicación sólo alivia la sintomatología pero no sirve para modificar las causas del trastorno que nos ocupa, lo que llamamos la forma de afrontar la vida que viene producida por unos pensamientos, emociones y conductas concretos.

Si una familia llama al miembro que necesita ir al psicólogo “flojo, débil”, algo pasa en esta familia. Como todos sabemos, cuando un miembro de la familia está enfermo, toda la familia, como sistema, enferma- según la visión de la terapia sistémica. Sin embargo, si un miembro enferma y el resto de la familia no se muestra preocupado, no empatiza, incluso, angustiado, por el simple hecho de que no se trata de una enfermedad física sino emocional, tal vez, nos deberíamos replantear que quien está seriamente enferma, a nivel emocional, es la familia.

Una familia que es ella, como sistema, que no sabe afrontar su propia vulnerabilidad y aprovecha que uno de los miembros da un primer paso hacia adelante para proyectar en él/ella  toda su problemática, todas sus dudas. Sin embargo, no aprecian que estigmatizar, hacer sentir a alguien como inferior, no sólo no fomente la salud emocional del paciente, sino que empeora la salud emocional de la familia.

En estos casos, siempre es interesante afrontarse a la propia familia o entorno social, explicándoles lo que han aprendido en esa sesión de terapia sobre ellos mismos o sobre la manera de interaccionar con los demás, quizás el paciente ha aprendido que su problema no es sólo su problema y es bueno comunicarlo. Aunque deberá estar preparado para que el entorno dude, niegue e incluso, se ría. Entonces, no sentirse humillado, sino fuerte, de decirles lo poco que contribuyen a que la terapia dure tan poco y con tan pocos costos como desean, que se sienten menospreciados, ridiculizados y humillados, incluso, etiquetados y estigmatizados y que, todo ello, no contribuye a que él/ella se recuperé ni tampoco lo haga la familia. Es el momento de plantearse, y proponerle al psicólogo si este no lo ha hecho ya, una terapia familiar.

Y recuerde, su recuperación depende de su actitud positiva que permitirá una óptima colaboración con el psicólogo, no de lo que piense nadie de su entorno, incluida su familia.

 

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