No creo en los psicólogos

V es un paciente adolescente que hace un tiempo se “pone muy cómodo” en el sofá delante de mí y, antes de que le pueda contar nada, me suelta un “ vamos a dejar las cosas claras; yo no creo para nada en ti. Pienso que, si tuviera algún problema, que no lo tengo, antes se lo contaría a un amigo que a una desconocida” Mientras V decía su larga (y preparadísima frase) me imaginaba como los  muñecos de goma a los que se les golpea una y otra vez y, si hubiera sido una novata, seguro que me hubiera dejado K.O. Sin embargo, cuando V acabó le dijé “ uff!!! Que tranquila me dejas!! Tengo que confesarte que yo tampoco creo…”

 Esta simple frase fue suficiente para que V me dejará de ver como el “enemigo” y me empezará a ver como “uno de los suyos”, a quien contar confidencias sin que fueran contadas.

Sin embargo, aquella frase de V, estaba llena de prejuicios acerca de los psicológos, bastante comunes, e, incluso, de cuestiones que los pacientes se plantean antes de ir a consulta:

 

 “No creo en los psicólogos”

Aún la explicación de pacientes como V, no se trata de una cuestión de fe. Los psicológos no propugnamos dogmas de ningún tipo sino que intentamos producir el cambio en el paciente mediante la ayuda y, especialmente, a través del mismo. Si no existe esa premisa fundamental, la relación terapeútica, por muy buena que sea y por mucho que el paciente llegué a “creer en el psicólogo/a”, no se producirá ningún cambio en si misma.

Por otra parte, todos vemos como algo lógico que si nos rompemos una pierna, acudamos a urgencias y nos atienda un médico y nos hagan cuántas exploraciones e intervenciones sean necesarias pero, y ¿cuándo se nos rompe el alma? Pues para esos casos, existen unos profesionales licenciados o con Grado universitario en Psicología, que es la rama de la ciencia que se ocupa del comportamiento humano y su relación con los procesos del pensamiento, emocionales y del aprendizaje,  y complementados con uno o varios Másters, lo cual supone una larga formación en Salud Mental, para poder atender todo ese dolor que un médico de cabecera no puede hacer

Por tanto, debemos comprender que, los psicólogos somos profesionales de la Salud (exactamente igual que un médico, un faramaceútico, una enfermera o un fisioterapeuta, pero cada uno en su área) y, teniendo en cuenta que, tiene categoría de ciencia, utilizamos el método científico para comprender los procesos psicológicos tanto patológicos como no; o lo que es lo mismo, no usamos ni cartas, ni bolas de cristal, ni imponemos manos, etc.

Y aquí entramos en el segundo prejuicio: “ la mayoría no son psicológos de verdad”

 

“La mayoría no son psicólogos de verdad”

N me explicaba como un familiar cercano le había arrastrado a una supuesta terapia psicológica en la que se realizaban imposición de manos en una gran sala y se provocaban grandes llantos. N me mira receloso esperando el momento en que sacará la baraja de cartas porque, según él, “todos los piscológos sois iguales, no hay nada de cierto”

Se puede entender que N o cualquier persona que haya pasado por una circunstancia como la narrada se pueda mostrar recelosa. Tienen una solución; al llamar o acudir al centro para hacer la demanda de visita, pidan el número de colegiado del psicológo/a que le va a atender. Este número no puede ser falsificado porque es comprobable en el Col·legi Oficial de Psicolègs de Catalunya o, en su defecto, en el Colegio correspondiente.

Eso sí, ese número de colegiado no es un sello de calidad; como en todos los sitios, y en todas las profesiones, hay psicológos muy buenos, buenos, “normales”, regulares, malos y, alguno, aunque no lo conozco, pero puede ser muy malo

Si no nos quieren, o pueden, dar un número de colegiado, huya de allí; acaba de topar con alguien que está haciendo intrusismo profesional. Desgraciadamente, este es un problema muy importante en nuestro colectivo y, posiblemente, muchas personas, no se mostrarían tan reacias a acudir al psicológo si no hubieran topado antes con un intruso

 

 “Mi amigo es el mejor psicólogo”

“¿Ir a terapia? Eso es para débiles, yo tengo amigos, ellos me escuchan siempre, bueno no, tanto no, a veces ser hartan de mis problemas pero no pasa nada.”

¿Cuántas veces hemos oído esto en terapia? Y si bien es cierto que tener una buena red social formada por las amistades y los compañeros es un factor protector para el estrés o la depresión, en muchos casos hablar de nuestros problemas con un amigo o escuchar sus consejos, no resulta suficiente. Incluso puede ser que ellos, con la mejor de las intenciones, pueden darnos consejos que, no nos resulten útiles. A veces, también ocurre, que dichos amigos han ido, en algún momento de su vida al psicológo y, aunque no lo dicen, aprovechan todo lo que aprendieron para “actuar de psicológo” con su amigo/a. Esta también es una forma de intrusismo

 

 “Con el tiempo todo se cura”

Es verdad que, a veces, con el paso del tiempo vemos los problemas desde otra perspectiva, pero de allí a decir que el tiempo tiene propiedades terapéuticas media un oceáno. Cierto es que ayuda a tranquilizar las emociones primarias (aquello que llamamos “reaccionar en caliente”), pero, muchas veces, sólo conlleva la cronificación de un problema que podría haberse solucionado si hubieramos intervenido a tiempo. Por tanto, dejar pasar el tiempo es la peor de las opciones

 

 “Los psicofármacos son el mejor tratamiento para los problemas emocionales”

La medicación, sea ansiolítica o antidepresiva,  puede ayudar a disminuir la sintomatología evidente que resulta molesta pero, por sí misma, la mayoría de las veces no es suficiente, ya que suele “tapar” dichos síntomas, pero no soluciona las causas, cosa que sí hace el psicológo. El efecto de los psicofármacos, además, se da a corto plazo, por lo que, cuando dejan de administrarse, desaparecen sus efectos. Sin embargo, una vez realizado el cambio de pensamiento a emoción y, de esta, a conducta – en el caso de un cognitivo conductual- es irreversible si el paciente mantiene la actitud adecuada, si se consigue tomar perspectiva sobre los problemas que nos llevaron a consulta y, si en algún momento, aparece una cuestión similar en su vida, tener buenas estrategias de afrontamiento, es decir, tener una buena caja de herramientas llena con las herramientas necesarias para continuar su camino.

 “Los psicólogos pueden leer la mente o adivinar todos nuestros problemas”

Según S. “ ya lo estás haciendo otra vez, ya me estas volviendo a leer el pensamiento” Y, aunque le repitas que no soy vidente de un programa nocturno y, por tanto, no tengo dichas facultades, él esta convencido.

Antes de iniciar una intervención psicológica, los psicólogos realizamos una o diversas entrevistas diagnosticas y una evaluación diagnóstica. Durante este período anterior a la terapia en sí, analizamos el problema por el cual el paciente, o un familiar, ha hecho la demanda, si ha realizado otros intentos de solucionarlo y ha visitado a otros psicológos, cómo es el paciente, cómo le esta afectando este problema a su vida personal, social, laboral/académica, familiar. Para ello, solemos usar test, cuestionarios- aunque ello dependerá del psicológo/a.

Al final, con toda esa información, podemos hacer una entrevista de devolución en la que explicar al paciente o a sus padres- si es menor de edad- lo qué le ocurre y poder iniciar, si es necesario, una terapia.

Pero, como ves S., no podemos leer la mente… aunque, a veces, ya nos gustaría

 

“Si le cuento mis problemas al psicólogo, éstos se solucionarán”

A veces, el hecho de ser escuchados y hablar sobre nuestros problemas con un psicólogo puede provocar una sensación de alivio. Muchas veces, es fundamental el hecho de que estoy hablando con un/a desconocido/a, que no puede repetir lo que digo – por el secreto profesional, lo cual les permite, a muchas personas, abrirse totalmente y dejar fluir todas sus emociones, quizás reprimidas, hasta entonces. Sin embargo, hablar de los problemas, no hace que éstos se resuelvan por sí mismos. La terapia psicológica requiere una implicación activa, tanto por parte del psicólogo como por parte del paciente en la búsqueda y puesta en marcha de soluciones. Es decir, es un proceso al 50% y en que la actitud es fundamental.

 

“Ir al psicólogo significa que estás loco,eres débil y no eres capaz de solucionar tus problemas”

“¿Y si estoy loco? “Bueno no, no puedo estar loca, quizás un poquito obsesiva, todos tenemos nuestras manías, ¿No?  Bueno no sé, estoy hablando sola, tal vez un poco loca estoy”

Cuando una persona acude al psicológo, sólo significa que tiene un problema y busca ayuda especializada para resolverlo. Igual que si tuviera migraña, acudiría al neurológo en búsqueda de ayuda especializada y sin plantearse más cuestiones.

De hecho, en muchos casos, acudir al psicológo es más un acto de responsabilidad que no de “locura” o de “debilidad” lo cual sólo son etiquetas que estigmatizan y acompañan a todos aquellos que deciden que se debe normalizar la salud mental igual que, en su día, se normalizó la salud deportiva; por cierto, ¿por qué nadie encuentra que es una señal de “debilidad” o “locura” que los futbolistas tengan en sus equipos psicólogos deportivos? ¿Estigma para unos y no para otros?

 

Los psicológos no hacen nada y te quitan el dinero

Este prejuicio es doblemente falso. Empezaremos por lo más fácil: “ los psicológos no hacen nada”. También hay variantes como “los psicológos cobran una pasta sólo por escuchar”, por ejemplo.

Ya hemos explicado antes lo que se hace antes de empezar una terapia en sí. Sólo se cobra la sesión pero, detrás hay un trabajo de corrección de tests, preparación de informes, preparación de la sesión siguiente,…que no dura una hora sino mucho más y que no se paga en la sesión. Tampoco se paga el importe de los tests que cada vez son más caros

Por lo referente a la segunda parte, todavía no he visto a ningún psicológo con escopeta para quitar el dinero a un paciente. Simplemente, realiza un servicio y cobra parte de ese servicio. Tampoco es nuestra intención reclamar el trabajo que no ve el paciente pero si es lógico cobrar. Si Ud. que me lee tiene una carnicería, y estoy una hora en la carnicería pidiendo cosas, ¿querrá cobrar al final? ¿o me podré ir sin pagar?

 

La psicología, no sirve para nada

Sirve si se le da una oportunidad. Cuando llega un paciente con una actitud oposicionista, e incluso hostil, es decir, que no hará las tareas para casa, no cumplirá con las recomendaciones dadas, a pesar del contrato conductual, se saltará sesiones, entonces es más que posible que no funcione.

Pero tampoco te funcionará un tratamiento médico si no te tomas la medicación en la dosis que te han prescrito, te saltas dosis, no vas los días de visita.

Todo ello significa algo que se ha repetido extensamente a lo largo de este artículo: actitud. La actitud del paciente es fundamental para conseguir una buena relación terapeútica, para que colabore en su propia terapia.

Por tanto, una de las primeras cosas que se intenta potenciar es el cambio de actitud, especialmente en los pacientes “hostiles”, es decir, aquellos que vienen obligados y que provocan un bloqueo de la terapia, al inicio. Puesto que, nosotros, como psicológos, hemos de conseguir vencerlo.

Aún así, la Psicología, como ya hemos dicho es una ciencia que usa el método científico. Y, como cualquier ciencia, y como humanos que somos, puede cometer algún error, pero no es cierto que todo lo que haga esté equivocado y, por tanto, no sirva para nada. Al contrario, la Psicología funciona

 

 

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