Parejas con diferencia de edad ¿Qué pasa si la mujer es mayor?

Lidia, 43 años y Ramón, 25 años, iniciaron – hace un año- una terapia de pareja. De hecho, no tendrían grandes problemas a no ser que sus respectivas familias se oponían a la misma, el enorme secretismo con que llevaban la relación en la agencia de publicidad en que ambos trabajaban y, ¡cómo no!…que Lidia le llevaba bastantes años a Ramón de ventaja.

Por tanto, la gran pregunta a formularse parecía ser: ¿puede estar una mujer de 43 años con un hombre de 25? Sin embargo, las parejas en las que ellas les sacan  más de 10 y hasta 20 años a ellos son cada vez más habituales, pero eso no impide que aún tengan que enfrentarse a muchos prejuicios. Y la cuestión es: si se tratará de un hombre de 43 y de una mujer de 25, ¿nos estaríamos haciendo la misma pregunta? La respuesta es clara; ¡por supuesto que no! ¡Al contrario!

Aún así, las parejas desiguales en edad con predominio femenino, son objeto del rechazo social lo cual les lleva a vivir cada uno en su propia casa delante de la presión del entorno familiar y social: “pero si podría ser tu madre”, “vais a ver, como pareja no tienen futuro”,” es que entiendo que hacen juntos,  si él podría estar con mujeres más jóvenes y ella con alguien de su edad “

En general, estas relaciones siguen estando mal vistas socialmente. Sin embargo, sí se  acepta que el hombre sea mayor que la mujer. En el 2001, dos investigadores de la Universidad de Manchester (Reino Unido) entrevistaron a 122 personas para pedirles su opinión sobre las parejas en las que hay una gran diferencia de edad. Y los entrevistados rechazaron  de forma abrumadora  las relaciones en las que ella es mayor que él.

Según el Instituto Nacional de Estadística, aún es más habitual que el hombre sea mayor en las relaciones de pareja, como se refleja  en el 53,3% de las bodas celebradas en el 2010. Ese año, los matrimonios en los que la mujer era entre 6 y 10 años mayor fueron sólo  el 3,4%. En cambio, las bodas en las que el marido era entre 6 y 10 años mayor fueron el 13,8%. Pero las relaciones en las que la mujer es mayor, y que no necesariamente acaban en boda que el INE pueda contabilizar,  cada vez son más frecuentes.

¿Por qué? ¿Qué es lo que ha cambiado?

La mujer ha cambiado; es más independiente, tanto social como económicamente y, por tanto, su posición en la sociedad ya no es la que solía ocupar de madre y esposa que, también, pero, actualmente, es una profesional liberal, que toma sus propias decisiones, y cuyo primer rol es el de ser ella misma. Siendo esté el caso, su criterio para iniciar una relación es, primero, la atracción por una persona con la que se divierte, le hace reír y sentirse bien y a quién no le pide el DNI para seguir adelante; conocerse y…la historia se escribe al construirse.

Otro punto importante es que el número de separaciones y divorcios se ha disparado con respecto a lo que ocurría hace veinte años, entre otras cosas, porque el divorcio no existía y aquella vieja premisa de “hay que aguantar porque para eso te has casado” estaba muy internalizada. En el 2011 se produjeron 117.179 rupturas matrimoniales en España. Mientras que en 1990 fueron 59.538. Así que los  reincorporados el mercado de solteros tras un divorcio se establecía en una media de 42 años, en el caso de las mujeres y de 45, en el de los hombres.

Las primeras parejas se forman tras una relación de compañeros de universidad o de amigos del vecindario mientras que, en el caso de las siguientes se da un cambio del ámbito de la relación y es más fácil conocerse en el trabajo o en un grupo de amigos, donde es posible que se dé una mayor diferencia de edad. Por otra parte, existe otro ámbito relacional en dónde se forman estas nuevas parejas y dónde no es raro mentir acerca de la edad; son muchas las páginas de contacto a través de internet o los chats, en donde es fácil saltarse los prejuicios detrás de un Nick y una pantalla y al amparo de la confidencialidad.

Otros motivos que relajan algo la presión sobre dichas parejas, es el aumento de relaciones que hace unos años se consideraban no convencionales, es decir, parejas de homosexuales, parejas que mantienen una relación sentimental pero cada uno vive en su casa, parejas que deciden no tener hijos… es decir, ya no existe un solo tipo de pareja, tal como se entendía; heterosexual, casada, el hombre algo mayor que la mujer, viviendo juntos y con hijos. Y ante las múltiples formas de entender el amor que han aparecido, la sociedad, algo perpleja, se relaja algo cuando aparece una pareja desigual en edad.

¿Cómo son a nivel afectivo o sexual las parejas en las que la mujer es mayor que el hombre?

¿Qué encuentra una mujer en un hombre más joven que ella? ¿Y un hombre en una mujer bastante mayor que él? Por un lado, ella encuentra vitalidad. Hemos de reconocer que, mal que nos pese, a todos nos cuesta aceptar que el tiempo pasa; por tanto, al iniciar una relación con una persona más joven es como si tuviéramos la facultad de darle marcha atrás al reloj y revivir un tiempo que ya nos pasó.

Sin embargo, situémonos en el caso de Lidia, 43 años y Ramón, 25 años, debido a la diferencia de edad, por parte de ella, podría existir la misma negación del paso del tiempo comentada pero, también, hay una cierta dinámica de poder y, obviamente, es más fácil, tener poder si esta con alguien más joven porque, además, se considerará una triunfadora social.

Otro aspecto a tener en cuenta es el sexual, la plenitud sexual del hombre es del 30 años, mientras que la mujer lo hace a los 50 años, con lo cual se combina plenitud y experiencia.  La mujer conoce muy bien su cuerpo y sabe cómo sacar el mejor partido de su pareja, además de que su situación personal y profesional está asentada, por lo cual enfrenta con mucha más confianza su sexualidad; él, a su vez, cuenta con todo el apoyo que le brindan sus hormonas sexuales, las cuales viven su mejor momento, hasta poco después de los 30, en que empezarán a decaer.

¿Pareja o madre?

Igualmente, existe una explicación científica a por qué el varón joven se siente atraído por mujeres mayores: el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, lo explicó partiendo de lo que él llamó complejo de Edipo, en el que retoma el mito griego donde el personaje que da nombre al trastorno mata a su padre por estar enamorado de su madre. Al parecer, entonces lo que induce al joven es la búsqueda de una imagen materna, es decir, requiere de una mujer que le dirija la vida, que lo cuide como tal vez no lo hicieron en su tiempo. Aunque estas relaciones pueden ser sanas y equilibradas, si el hombre ha tenido una madre sobreprotectora, podría repetir el mismo tipo de relación con su pareja y, de la misma manera, si tuvo una madre con carencias a nivel afectivo, especialmente, puede buscar lo que no tuvo. En cualquier caso, y aunque se pueda oponer que cualquier hombre busaca en su pareja, con independencia de la edad, un poco a una madre, lo cierto es que cuando la pareja tiene diferencia de edad importante, ello se agudiza y cuánto más busque el hombre a una madre en lugar de a una mujer, más problemática se torna la relación.

¿Son viables estas relaciones?

Ese es uno de los muchos motivos por los cuales la viabilidad de la pareja, a medio plazo, es mala. La fase pasional de la relación suele ser buena pero, pocas veces, se supera y por diversas causas; las reticencias a hacer público su relación de modo que, con el tiempo, esto supone que se diluye el presunto proyecto de vida que tenían en común.

En el caso de que decidan hacerlo público, y en casos como Lidia y Ramón, se enfrentarán a una tremenda presión social; la sociedad, sí, la misma tan moderna que tenemos, aún no acepta que  una pareja diga que quiere disfrutar de su relación de pareja y sin necesidad de tener hijos. Eso supondrá que al hombre joven le lleguen a influenciar lo suficiente como para que rompa la relación. Por su parte, a la mujer, le llueven las críticas y las ridiculizaciones. Pero, claro, tenemos libertad sexual.

Sólo que la libertad sexual sirve si un hombre de 43 esta con una mujer de 25, pero no al revés. Esto sólo hace que indicarnos que sigue imperando un cierto machismo, en que a los hombres no les gusta que las mujeres vayan escalando peldaños del poder social. ¿Cuál es el problema? Que el conglomerado de críticas, ridiculizaciones, machismo…se transforma en un gigantesco ovillo que va arrastrando a la pareja cuesta abajo y haga que, ni tan sólo, se lleguen a plantear la convivencia, aunque sea para probar.

Una cuestión más; las respectivas familias, testigos, hasta el momento de la formación del ovillo, empiezan a tomar partido y no ven con buenos ojos que, ninguno de los dos, pase a formar parte de la familia del otro

Y, llegan los miedos, especialmente, de la mujer; miedo a que él la dejé por una más joven, miedo a  que su cuerpo no le gusté, miedo a no atraerle sexualmente…y, entonces, llegan los celos patológicos y se ven novias, o posibles novias o posibles amigas, cuando su chico habla con la panadera, con la dependienta que le vende una camisa o con otra compañera de trabajo. Todo ello causa discusiones constantes y un clima de resentimiento lo cual implicará unos niveles de comunicación y entendimiento cada vez más deteriorados ya que se vive en un clima de pareja conflictivo, sin existir una posición clara de cada uno respecto de los planteamientos de pareja. En este caso, cuando los roles dentro de la pareja son muy rígidos, es muy difícil que la pareja siga adelante y acaba rompiéndose.

Oportunidades que ofrece una relación desigual

Lo cierto es que una relación en donde alguno de los dos es mayor abre oportunidades, ya que:

  • El deseo de impactar a la otra parte nos hace cuidar aun más la apariencia física, de manera que nos esmeramos respecto a la alimentación y hacemos ejercicio para mejorar figura y salud.
  • Eleva la autoestima. Sentirnos deseados o queridos renueva nuestra confianza en nosotros mismos, nos motiva a hacer cosas que, en otro momento, eran impensables y nos brinda seguridad plena.
  • Amplía el panorama. El intercambio de experiencias y de gustos nos da una nueva manera de ver las cosas, de pensar en forma distinta a partir de la perspectiva del otro, lo que nos enriquecerá como seres humanos.

La diferencia de edad en la pareja será motivo para detenernos a pensar, aunque no sea nuestro caso. Finalmente, lo único importante es la felicidad de quienes están inmersos en ella y que nadie salga perjudicado por esa decisión.

Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara (Montaigne)

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