Los Trastornos Bipolares (también llamado Maníaco – Depresivos) son un conjunto de enfermedades del sistema nervioso central en donde se afectan los sistemas que regulan el normal fluir de los estados del ánimo. Nuestros cerebros han evolucionado de manera tal de responder con un amplio abanico de respuestas anímicas a los desafíos que nos presenta la vida. En algunos momentos necesitamos aumentar nuestra actividad, tener más contacto social e incluso hacernos más audaces en la forma en que tomamos nuestras decisiones. En otras ocasiones, por el contrario, debemos responder a nuestro entorno bajando nuestra actividad y tomando decisiones más conservadoras. En las personas afectadas por trastornos bipolares estos mecanismos están afectados de manera tal que presentan estados anímicos que son patológicos por su amplitud y/ó duración ó se presentan en un contexto inadecuado afectando su capacidad de adaptación y generando conductas que resultan inconvenientes.
Básicamente las personas afectadas por trastornos bipolares presentan tres tipos de crisis anímicas: a) Episodios maníacos y/ó Hipomaníacos; b) Episodios depresivos; c) Episodios mixtos (ver abajo una descripción de estos episodios). Estas crisis se pueden dar en sucesión y separadas por años, meses, semanas, días, e incluso horas. La evolución de los trastornos bipolares es muy diferente en cada persona y depende, en buena medida, del tratamiento recibido.

Los trastornos bipolares afectan a millones de personas en todo el mundo sin respetar fronteras culturales, económicas ó raciales. Se calcula que aproximadamente el 4% de la población presenta alguna de las formas de trastorno bipolar. Los trastornos bipolares presentan, respecto a sus costos, una notable paradoja: por un lado son enfermedades que tienen la potencialidad de generar una importante merma en las capacidades sociales y laborales de personas que suelen tener un nivel alto de instrucción. Por esta razón recientemente han sido consideradas por la organización Mundial de la Salud como la 6° causa de discapacidad en el mundo. Por el otro permiten a un porcentaje creciente de personas llevar una vida plena al ser correctamente tratadas.

Como se dijo al inicio, los Trastorno Bipolares están determinados por una falla en los mecanismos cerebrales que regulan el estado del ánimo. Estos mecanismos están distribuidos en varios sectores de nuestro sistema nervioso central pero principalmente involucran una parte de la corteza cerebral (lóbulo frontal) y estructuras profundas del cerebro (ganglios de la base). Si bien aún no se conocen con exactitud los mecanismos íntimos de esta disfunción, si se sabe que los mismos están determinados en buena medida por una predisposición genética. Se calcula que más del 70% del origen de la enfermedad esta determinado por cuestiones hereditarias ligadas a los genes que se combinan con elementos ambientales. De esta manera es muy importante saber dos cosas:
1) por un lado los trastornos bipolares no dependen del estilo de crianza, ni de traumas psicológicos de la infancia, ni mucho menos de cuestiones vinculados a la voluntad de las personas que los padecen.

2) aunque una persona tenga parientes directos afectados por la enfermedad, esto no quiere decir que inexorablemente la va a padecer sino que tienen una mayor predisposición que el resto de las personas para padecerlos.

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