Tiempo fuera o aislamiento

Hay muchas situaciones en las que es difícil ignorar la conducta del niño porque el prestar o no atención no depende de los padres (son otras personas las que refuerzan la conducta: abuelos, amigos, compañeros, etc.) o bien porque la conducta es excesivamente disruptiva y los padres necesitan ponerle fin de una manera más rápida. En estos casos un procedimiento que puede ser de utilidad es lo que se conoce como tiempo fuera o aislamiento.

El procedimiento consiste en sacar al niño de las condiciones ambientales en las que se está reforzando el comportamiento y trasladarlo a un lugar donde no exista la posibilidad de obtener reforzamiento. Por ejemplo, cuando los abuelos de Mario vienen a visitarle, éste no para de dar golpes a los muebles y de hacer travesuras, mientras sus abuelos comentan «pobrecito, es pequeño…». En este caso, dado que la madre no puede controlar el reforzador (comentarios y atención de los abuelos), una buena alternativa para reducir la conducta de su hijo es que cada vez que Mario dé una patada a un mueble o realice una travesura, se lo lleve, por ejemplo, a una esquina de la casa en la que esté solo y lo mantenga allí durante un tiempo. Pasado ese tiempo, Mario regresará al lugar donde estaba jugando con sus abuelos, y, en caso de que la conducta se repita, la madre volverá a actuar de la misma forma.

El tiempo fuera es un procedimiento recomendado para niños entre 2 y 12 años, ya que para chicos mayores no es adecuada, ni siquiera acertada, incluso a veces es imposible establecer, la separación física.

Para que este procedimiento sea eficaz es necesario tener en cuenta una serie de reglas.

  • El lugar al que se traslade al niño no debe ser amenazante, pero sí aislado y aburrido. Si se le lleva, por ejemplo, a su habitación y allí puede ponerse a jugar con sus juguetes, o se le saca de la clase al pasillo y allí puede estar jugando y charlando con otros niños, el tiempo fuera será ineficaz.
  • El traslado debe hacerse inmediatamente después de que ocurra la conducta inadecuada con calma y firmeza, pero sin gritos ni agresiones. Convienen explicar con antelación, de forma clara, al niño en qué consiste el procedimiento, así como indicarle que «tan pronto comience a emitir la conducta se le hará una señal, ante la cual, si no deja de emitirla inmediatamente, será puesto en situación de tiempo fuera»; por esta razón, el lugar debe encontrarse lo más cercano posible, para que no transcurra mucho tiempo desde la emisión de la conducta hasta la aplicación del tiempo fuera.
  • Conviene no discutir ni razonar con el niño mientras se le coge para llevarlo al tiempo fuera de reforzamiento o mientras está en el tiempo fuera de reforzamiento. Hay que ignorar completamente sus posibles protestas o promesas de comportarse bien. Simplemente se le indicará cuál ha sido la conducta inadecuada.
  • Si el niño sale del tiempo fuera de reforzamiento sin permiso, inmediatamente y de modo firme los padres deben cogerlo de nuevo y llevarlo a su sitio, anunciándole la aparición de consecuencias más aversivas si vuelve a violarlo; por ejemplo, «si vuelves a salir del cuarto, te quedarás sin ver hoy los dibujos animados».
  • La duración del tiempo fuera debe ser relativamente breve. Es mejor comenzar con periodos muy breves, aumentando la duración sólo cuando estos periodos sean deficientes. Una vez que se han establecido periodos más largos, no parece factible volver a periodos más cortos. Las magnitudes del tiempo fuera debieran ser de cinco minutos si el niño tiene 5 años o menos; de diez minutos si tienen entre 6 y 10 años, y de quince minutos si tienen entre 11 ó 12 años. Algunos autores hablan de un minuto por año del niño hasta un máximo de 20.
  • Conviene considerar lo que el niño está haciendo en el momento en que se termina el aislamiento y se le permite regresar. Si el niño estuviera renegando, gritando o dando patadas durante el tiempo fuera, serían estas respuestas las que se reforzarían con la finalización del mismo. Por otra parte, si el niño estuviese tranquilo en ese momento, es probable que se reforzara la conducta tranquila. Esta consideración lleva a recomendar que la liberación del tiempo fuera sea contingente a la conducta que entonces esté haciendo y no a periodos de tiempo fijos y predeterminados. Asimismo, si cuando se le va a buscar los padres encuentran que el niño ha producido algún tipo de destrozo en el lugar en el que se encontraba (lo ha desordenado, ha roto algo, etc.) deberá arreglarlo y limpiarlo lo mejor posible antes de salir del aislamiento.
  • No se debe aplicar el tiempo fuera de reforzamiento cuando con él el niño consigue evitar una situación aversiva. Por ejemplo, si a Marta no le gusta hacer problemas de matemáticas, y cada vez que se porta mal en clase de matemáticas su profesor la saca al pasillo y así se libra de hacer problemas, es posible que el comportamiento del profesor en lugar de castigar esté reforzando el comportamiento de Marta.
  • De la misma manera que debe hacerse con toda intervención diseñada para reducir la frecuencia de una conducta indeseable, es indispensable que se hagan simultáneamente esfuerzos explícitos para establecer y fortalecer las conductas deseables alternativas.

Costo de respuesta

En ocasiones, si la retirada de atención no es suficiente, o si se necesita eliminar la conducta de forma más inmediata, o no es posible permitir que se produzca el incremento conductual que sigue a la retirada de atención, se puede utilizar el costo de respuesta.

El costo de respuesta consiste en la retirada de ciertos acontecimientos agradables (ver la televisión, tener la puerta abierta a la hora de acostarse, salir al recreo, etc.) o de ciertos estímulos que el niño posee (dinero, fichas, juguetes, etc.) de forma contingente a la realización de la conducta inadecuada. Acostumbra a utilizarse dentro de un programa de economía de fichas.

Para que este procedimiento resulte más eficaz es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:

  • Es preciso asegurarse de que el estímulo que se le va a retirar al niño es realmente importante para éste. Por eso, resulta especialmente útil cuando se utilizan fichas o puntos como reforzadores. En estos casos conviene, antes de instaurar el coste de respuesta, hacer posible que el niño acumule una cierta cantidad de fichas que posteriormente le serán retirada de forma contingente a la realización de una determinada conducta.
  • El niño debe conocer perfectamente, con anterioridad, qué va a pasar y cuál va a ser la magnitud del costo de respuesta si realiza la conducta no deseada. Por ejemplo, cada vez que llegues tarde a casa me darás 50 céntimos de la paga.
  • Se debe ignorar cualquier reacción como llorar, discutir, pedir perdón, etc. que el niño tenga como consecuencia de aplicarle el costo de respuesta.
  • En general, parece que cuanto más elevado es el costo de respuesta más eficaz es. Ahora bien, es importante calcular la cantidad de reforzadores a los que el niño tiene acceso y en función de eso regular el costo. En ningún caso conviene que el sujeto tenga un saldo negativo para él, ya que en este caso el procedimiento deja de ser efectivo. De la misma manera, debemos ajustarlo de forma que la pérdida implicada en el costo de respuesta no sea fácilmente reparable por el sujeto.
  • Debe aplicarse siempre que se produzca la conducta indeseable y tan inmediato a la emisión de ésta como sea posible; si no, el procedimiento resulta menos efectivo.
  • Debe aplicarse siempre en combinación con el reforzamiento de la conducta deseable.

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